El Agua, ¿de quién es?
12/7/2011
El agua, ¿de quién es
El FMI "fuerza a las
naciones endeudadas a vender bienes públicos, incluyendo los
acuíferos, como condición para otorgar una ayuda financiera"
con la bendición de la ONU.
Aunque el
sentido común responde que es de todos, los hechos suelen
contradecirlo: el calentamiento global y los cambios
climáticos que conllevan, han convertido el agua en algo
tanto o más codiciado que el petróleo y grandes empresas se
están convirtiendo en dueñas de ese recurso natural,
extrañamente, con la ayuda de las Naciones Unidas, la
organización creada para velar por los derechos de los
habitantes del planeta entero. En este caso, y no sólo,
parece inclinada a preservar más a los unos que a los otros.
Con razón decía Bernard Shaw que el sentido común es el
menos común de los sentidos.
Una de las
primeras medidas que adoptó Ban Ki-moon, flamante secretario
general de la ONU, fue el lanzamiento del CEO Water Mandate,
“una iniciativa público-privada especial destinada a asistir
a las empresas en el desarrollo, aplicación y difusión de
políticas y prácticas sostenibles en la esfera del agua” (http://www.unglobalcompact.org/).
Un propósito loable, su trastienda no tanto. Megapolios como
Marck&Co o Siemens se acogen al Mandato para privatizar un
bien común. Como sucede con otros proyectos importantes de
la ONU, el FMI, el Banco Mundial y bancos de desarrollo
regionales en general se encargan de manejarlos.
El Banco
Mundial acaba de asumir el control del Fondo Verde de la
Conferencia sobre el Cambio Climático, financiado con 100
mil millones de dólares. Es notoria la poca o ninguna
transparencia del BM en lo que hace a proyectos similares,
pero estas iniciativas se reiteran “no sólo porque los
Estados miembros más poderosos de las Naciones Unidas las
empujan”, señaló Maud Barlow, presidenta del Consejo
Nacional de Canadienses (CNC): también porque la ONU carece
de fondos suficientes y sus organismos y programas “recurren
al patrocinio privado para funcionar”. Barlow es autora,
entre otros libros, de Oro azul y El Pacto Azul: la crisis
mundial del agua y la lucha por el derecho al agua.
La ecologista
canadiense ha subrayado, en el prólogo de un estudio del CNC
sobre la influencia del sector privado en las Naciones
Unidas, que el planeta está en vísperas de una crisis de
proporciones aterradoras en materia de abastecimiento de
agua (//blueplanetproject.net).
Observa que el FMI “fuerza a las naciones endeudadas a
vender bienes públicos, incluyendo los acuíferos, como
condición para otorgar una ayuda financiera. Todo el sistema
(de la ONU) está regido por estas corporaciones”. Que sólo
buscan ganancias, naturalmente.
El informe del
CNC detalla ese dominio en varias organizaciones del
sistema, incluso anteriores a 2007. El Fondo de las Naciones
Unidas para la Infancia (Unicef) concertó en el 2005 una
asociación con la empresa Volvic, abastecedora de agua
mineral, y llevó a cabo una campaña pública de proporciones
en Alemania con el lema “1 litro por 10 litros”. La empresa
se comprometió a contribuir monetariamente a un programa de
Unicef en estos términos: por cada litro de agua Volvic que
se vendiera en el país europeo, la empresa aportaría lo
necesario para que los habitantes del distrito Amhara en
Etiopía tuvieran acceso a 10 litros de agua potable. La
iniciativa se repitió en otros mercados occidentales, lo que
permitió que el programa se extendiera a zonas de Níger y
Malí.
Volvic donó
medio millón de dólares de sus ventas en EE.UU. y Canadá en
el bienio 2008-2009 para financiar proyectos de Unicef (http://www.drink1give10.com/).
Bien, pero cabe señalar que las ventas de la sección Agua
del grupo francés Danone, al que Volvic pertenece,
ascendieron aproximadamente a 3700 millones de dólares sólo
en el 2008 (http://www.danone.com/,
24/6/10). El CNC manifiesta en el estudio que la vinculación
explícita de Unicef con Volvic en grandes mercados
consumidores como Francia, Japón, Canadá y EE.UU. es un
valor agregado y estima que las ventas de los productos
embotellados de Danone “bien pudieron haber excedido el
valor (correspondiente) de la contribución de 500 mil
dólares a Unicef”.
La Unidad de
Inspección Conjunta de la ONU señaló en un informe del año
pasado que esta clase de asociaciones carecen de “un sistema
eficaz de supervisión para medir la implementación real de
los principios (establecidos) por los participantes”, lo
cual ha despertado las críticas de varios Estados miembros
de Naciones Unidas y el riesgo de lastimar la reputación de
la organización internacional (http://www.unjiu.org/,
septiembre de 2010). Sin embargo, aumenta su participación
en estos emprendimientos “especiales”.
Un rasgo
característico de estas transacciones, reconocido por el
Banco Mundial, es que las empresas se niegan a invertir en
la infraestructura necesaria para mejorar el acceso a este
recurso: sólo quieren recortar las operaciones para aumentar
sus beneficios. Así, el precio del líquido aumenta y su
calidad empeora. En Francia, considerado el impulsor más
importante de la privatización del agua, hay marcha atrás:
en junio, la alcaldía de París readquirió los servicios de
agua manejados por las compañías Veolia y Suez. Pero no
siempre la rapacidad encuentra freno.
Cubadebate